Mostrando entradas con la etiqueta juego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juego. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de octubre de 2009

¡WILSOOOON!

Yo me he visto como 18 veces la película “Náufrago”, esa con Tom Hanks y que parece un remake de Robinson Crusoe; sí, la del tipo que naufraga y que los primeros meses vive prácticamente como un mono en una isla desierta. Pienso que no ha sido el mejor papel de Hanks, sin embargo resultó solvente debido a su “caché” actoral. Pero no hablaré de él exclusivamente, quiero subrayar a Wilson, ¿lo recuerdan? (aún puedo escuchar a Chuck Noland gritando: ¡Wilsoooon, Wilsoooon!).

Wilson era una pelota de voleibol (por supuesto un chivo comercial, fabricada por la afamada marca Wilson Sporting Goods) y que también le servirá al protagonista para entablar sus monólogos y mantener la cordura. Es una suerte de amigo “imaginario”. ¿Que a dónde voy? Bien… el simpático personaje Wilson nos ha marcado la vida a más de uno; como a mí, que lo invoco cuando estoy solo (y borracho) o como a este solitario jugador de racket que en realidad no está solo, sino que juega –precisamente- con Wilson. Descubran la sutileza del asunto en la pared del fondo*.

El señor estaba ahí enchufado con la pelota durante 10 minutos más o menos, y corría y saltaba y estiraba el brazo y retrocedía una y otra vez con un ímpetu deportivo único; y hacía todo aquello totalmente solo… ¿o debo decir con Wilson? Otro entresijo en nuestras carpetas amigos de la Nave del Misterio.

*Está bien, si no lo han pillado todavía tendré que señalarlo; mira, la “W” que está al fondo es, pues, precisamente el logotipo de Wilson, la marca de la pelota-amigo del Náufrago.

sábado, 4 de julio de 2009

EL NIÑO QUE MATABA ZOMBIS

El mundo real es aburrido. En este siglo es inexcusable inventar nuevas dimensiones o mini-cosmos más atractivos; queremos experiencias subjetivas más intensas, nos urgen frenéticas actividades que colmen nuestras ansias apoteósicas. Mientras que el aburrimiento posa su escabrosa telaraña sobre el lomo de nuestra inventiva, es menester recurrir –lo antes posible- a medidas extremas para sortear su encono. Estoy hablando de la hiperrealidad, de las realidades virtuales, de entornos sintéticos, de interfaces electrónicos. Sí, ahí hay grandes y prometedoras posibilidades de fuga. Hay otras más mórbidas; patógenas, quiero decir: la neurosis, disfunciones sociales, paranoia, delirios de persecución, alucinaciones, etc. Esas también te llevan a otro trance. Ah, las drogas saben hacerlo también. Pero… he visto cosas un poco más terrenales, más de humanos, propias de homo sapiens sapiens: la estupidez.

Cine Center-Cochabamba, sala de juegos.

Está bien, lo dejaba pasar tratándose de una Wii, pero evidentemente no lo es. Quienes transitábamos por ahí veíamos con asombro –casi con miedo- cómo este entusiasta puberto daba brincos, se agachaba, gritaba y se contorsionaba escandalosamente para deshacerse a tiros de los temibles zombis que se paseaban tardos por su pantalla.

martes, 5 de mayo de 2009

PING-PONG

¡Ping-pong señores(as)! Volví a jugarlo después de mucho tiempo. Cuánto extrañaba ese ping que produce el impacto de las bolas de celuloide en la raqueta y ese, no menos fabuloso, pong que resulta al golpear con la mesa verde que te quiero verde.

Y en eso estábamos cuando el presuntuoso Pepe Cortisona (Ricky) me reta a jugar en serio. Recordemos un poco esa provocación:

Ricky:¡Eh! juguemos maricón,que quiero darte tu merecido.
Yo: [Con derroche de humildad] No, no, yo paso. En verdad no quiero.
Ricky:¡Va... gallina, juguemos de una vez!
Yo: Vale, a jugar. Para ser novato tenés el entusiasmo suficiente: materia prima de los sueños. Te voy hacer comer la pulpa visceral del limón de la derrota y te voy a dejar botado ahí, en el fango mismo de la vergüenza.
Ricky: [A carcajadas] ¡Uy, qué miedo!


Entonces ping, pong, un sidespin, toma otro flips, ahí va un topspin y bloqueos y más bloqueos, ¡zas, zas!, pong, ping, ¡toma!, otro bloqueo, punto, ahí, paf, ¡uh!, etc.

¿Premonición o casualidad?

Ahí, ahí... cabrón 5-0, te lo advertí.