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viernes, 3 de julio de 2009

DISCRIMINACIÓN SEÑALÉTICA

Esta “tofo” es vieja, ¿recuerdan la aventura de Mitch “Pichula” Buchannon? En esa misma sauna la tomé. Los bolivianos, definitivamente, ya hemos llegado a un punto extremo donde los detalles ya no nos importan, lo minúsculo es indignamente soslayado, ignoramos los pormenores. Los sintéticos símbolos gráficos de la comunicación visual también están haciendo lo suyo -y para alguien que verdaderamente delega su confianza a la percepción de los detalles sin perder el todo semiótica (olviden esto último)- estas señaléticas se convierten en falsas homologaciones. Prestemos atención.

Baño para caballeros, pero… ¿para qué tipo de caballeros? Aquí los quiero ver. Caballeros lampiños, mancos, que calcen 23 o 25, de contextura rectilínea y con preferencia que estén muy enfadados.

Pues sí, en el baño de damas también había impresas distinciones. Por ejemplo, damas que tengan el copete excesivamente pronunciado (a primera vista creí que se trataba de una dama con un gran tumor en la frente o algo así, pero promovido por el sentido común supuse que era su cabello, un copete nomás); damas que tenga el tórax de pescado o de nadador olímpico y brazos de chimpancé e imprescindiblemente que tengan un solo pie.
¡Discriminación, señoras y señores!, ¡cuántos caballeros y damas normalitos nos quedaríamos sin poder orinar o lavarnos las manos en este baño!, ¡discriminación señalética!