Historiadores y expertos en el arte parecen coincidir que La Última Cena de Da Vinci es una de las obras pictóricas más extraordinarias del planeta. En La Cancha (mercado popular) de Cochabamba podemos apreciar réplicas que le hacen el pulso.

Analicemos rápidamente:
1. La original y extraordinaria perspectiva lineal ha sido reemplazada por una burda desproporción espacial que convierte la acción de la cena en un alboroto de viejos ebrios.
2. No me queda claro si los panes han sido sustituidos por manzanas o empanadas Wistupiku.
3. Andrés (tercero de la izquierda) tiene dedos de gallina y a su mano izquierda le falta un dedo.
4. Judas Iscariote (quinto de la izquierda) ya no viste una humilde túnica sino un lujoso gabán blanco parisino; y en vez de observar preocupado a Cristo parece haber visto un ovni porque está como pasmado.
5. Juan (sexto de la izquierda) por último ya está dormido y le vale un pijón que maten a su maestro.
6. Tomás (cuarto de la derecha) es un enano, o en todo caso un duendecillo amorfo con hemiplejia.
7. Felipe (de rojo y segundo desde la derecha) de ser el piadoso apóstol pasó a ser “Fili, el trava”
8. Los del fondo (extremo derecho, Mateo, Judas Tadeo y Simón Zelote que ya no alcancé a fotografiar) parecían ignorar el anuncio de Cristo mientras se preparaban un porro bien cargado.
9. Cristo, que tiene unas visibles ganas de ir al baño, parece –según esta versión- que en vez de morir crucificado murió por una patológica papera.